Cultura

El descubrimiento de las tribus Sinaloa y Tehueco

El 29 de septiembre se cumplen 487 años de la llegada del capitán español Diego de Guzmán al territorio de la nación Sinaloa

Por  Mirella López

Cronista narra descubrimiento de las tribus Sinaloa y Tehueco.(Foto: Cortesía)

Cronista narra descubrimiento de las tribus Sinaloa y Tehueco. | Foto: Cortesía

Los Mochis, Sinaloa. El 29 de septiembre de 1533, la hueste castellana mancilló y descubrió la tierra de la nación Sinaloa. El cronista de El Fuerte, Lucio Ruiz Bernal, relata la llegada de la hueste a la comarca del actual río Fuerte donde encontraron sólo algunas casas de petates y muchas parcelas de maíz, frijol y calabaza.

Una vez la hueste en la jefatura de la tribu de los sinaloas con un calorón endemoniado del mediodía, habían bajado la montaña en esa jornada de septiembre, seis leguas. Un soldado capturó a un indígena al que se le interrogó por qué había huido la gente y se le pidió que llamara a sus hermanos.

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Otro día al amanecer llegaron algunos guerreros y mujeres de la etnia de los sinaloas con maíz, frijol y calabazas. Por la mañana el capitán, ocho soldados y diez indígenas tahues campearon río arriba, siguieron la misma ruta por donde los escuadrones indígenas habían remontado el río Grande.

Llamado de paz y anexión a la corona

Uno de los guerreros que se capturó fue enviado a llamar de paz a su jefe, y de pronto vino un cobanaro que trajo consigo más de 700 indios, en hilera y con una caña verde en las manos, y llegando a donde estaba instalada la hueste, la ponían una sobre otra en señal de sumisión y obediencia.

Con estos formulismos de paz y bienvenida se soltaron algunos indígenas capturados la noche anterior y se inició un diálogo y concilio entre los jerarcas de la tribu de los sinaloas y los soldados del capitán Diego de Guzmán.

Después de esta reunión, los cobanaros sinaloas apuntaron que para poder servir mejor a los invasores querían estar cerca de ellos, y el capitán les otorgó unos terrenos junto a ellos y así fueron y trajeron a sus mujeres e hijos y muchos integrantes de su etnia.

Después inició el protocolo de anexión a la corona y rey de España de las tierras descubiertas, estableciendo los derechos legales se formuló el acta de anexión, el 29 del mes de septiembre del 1533, en presencia del escribano Andrés Alonso, quien asentó que el capitán Diego de Guzmán llegó a un río y comarca de la tribu sinaloa, tomando posesión, al cual asentó por nombre Río del Señor Santiago, nombre que le otorgó el capitán al momento de su descubrimiento y contacto con los guerreros sinaloas y tehuecos.

Entró en él con su gente a caballo, y tomó en él y de la posesión en nombre del dicho gobernador Nuño Beltrán de Guzmán, por su majestad el rey de España y por el de todos los pueblos que río arriba y río abajo hubieren y en señal de posesión y anexión, tomó agua de él y bebió, y cortó con su espada la rama de un árbol solicitando al escribano lo asentase por testimonio como pasaba.

Una vez que se acomodó la hueste, él capitán de Guzmán llamó a los indígenas sinaloas y tramposamente le señaló que no tuviesen miedo que venía de paz y quería ser su amigo, que llamaran a sus otros hermanos, y que si tenían guerra con otra tribu él los ayudaría. Al día siguiente del descubrimiento de la comarca de los sinaloas siendo día martes llegaron muchos indígenas con maíz y frijol.

Permanecieron los españoles alrededor de 40 días en el Valle de Carapoa. Una vez protocolarizados el descubrimiento y anexión a la corona española de la nación y tribu de los sinaloas, la hueste de Diego de Guzmán tomó rumbo del norte descubriendo los ríos y tribus mayo y yaqui del desierto de Sonora de la misma lengua, usos y costumbres, comida y arte de la nación Sinaloa.

La encomienda

Por el mes de julio de 1533, Nuño Beltrán de Guzmán encomendó al  capitán Diego de Guzmán para que  explorara  al norte del río Petatlán, (descubierta por el capitán Juan Lope de Samaniego en 1531) que indagara esa tierra ignota aislada, ya que hacia el septentrión sinaloense se tenía conocimiento de un gran río que bajaba de la sierra rarámuri, y una tierra inagotable y más fértil que las de Chametla.

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